miércoles, 5 de marzo de 2008

Cuando me volvi Cajita de Vino

Cuando yo era una hormiga, igual lo pasaba bacán. Osea era fome igual cuando a uno le tocaba andar en filita todo el día. No faltaba la neurótica que pasaba por encima tuyo para llegar antes. Y una toda relajada mirando el paisaje o viendo si hay algo más rico para comer. Pero siempre están las mala onda que se apuran y lo único que quieren es llegar donde la mami a hacerle la pata. Que mi reinita para acá, mi reinita para allá. Ahí igual era como fome, pero era bacán cuando nos tocaba salir a explorar. Como que había que jugar a los comandos.

¿Quien vio Rambo alguna vez? Era como Rambo. Teníamos que andar pendientes si llegaba alguno de esos huelkekes gigantes que nos aplastan con los dedos. Era emocionante, aunque igual era un poco triste. Varias veces me toco ver a compañeros sufrir el maltrato y posterior asesinato de parte de los huelkekes.

A veces las hembras de los huelkekes hacían comida rica. Como que todas las demás hormigas están acostumbradas a comer cualquier cosa, pero yo era mas selectiva igual. Osea, cuando no había nada para poner en la hoja, obvio que comíamos cualquier cosa, pero cuando las hualkekas hacían cosas ricas, yo primero comía harto y después le avisaba a las demás. Aparte que no faltaba la que les decía que en otro lado había algo mas grande y se iban todas para allá. Así que mejor yo comía harto y después avisaba.

Después me aburrí de ser hormiga, no era para mi tanto orden anárquico. Era demasiado estructurado el sistema, así que decidí cambiarme de profesión.

Después quise ser poeta, pero los poetas son viejos chascones y barbones que toman vino en Cartagena, y yo no tengo barba. Y no me gustan las poetizas. Son muy cursis. Son mas cursis que las hormigas rojas (me caían mal las rojas, no por racista, sino porque me cargaba que empezaran con el cuento del proletariado).

Después quise ser huelkeke, pero tuve que comer harto harto para crecer de su porte. Me demore 127 años en crecer de su porte. Cuando logre integrarme a la sociedad de los huelkekes, me di cuenta que ellos se decían humanos. No me gusta como se llaman. Es como feíto. Humanos... es como humita. Es feo llamarse humita. Prefiero huelkekes. Las hormigas hablaban mas lindo, aunque hablaban menos.

Ahora vivo en un lugar bacan. Es súper grande. Le dicen parque forestal. Tiene harto pasto y va harta gente para allá. Yo como soy súper sociable le hablo a harta gente. Algunos parece que andan muy ocupados, porque no me escuchan y siguen de largo, pero otros me hablan harto. Igual es entretenido. Siempre que la gente me habla le vendo papas fritas. Como que no se dan cuenta que lo único que quería era una moneda para comprarme una caja de vino.

Igual me aburrí de ser huelkeke. Ahora soy la ultima caja de vino que me compre. Vivo debajo de un árbol frente al Bellas Artes.

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