Ese día me caí del piso 93 de un edificio en el metro Pedro de Valdivia. El viaje desde el piso 93 hasta el piso es bastante extenso, así que en vez de ponerme a pensar en morir, decidí dedicarme a pensar en el mundo. Pensar en el mundo igual es cuático, pero prefería eso a resignarme a morir. La gente que cuando sabe que se va a morir, y se resigna igual es tonta, y como yo no soy tonta, decidí pasarlo bien ese rato de vida que me quedaba. Igual iba a caer harto rato, asi que podía hacer hartas cosas...
Cuando iba por el piso 85, me encontre con un pájaro de esos que viven el las profundidades del cielo y comen en las alturas del océano. Raro el pájaro. Tenía plumas con forma de servilleta, y campanas de navidad, y hacía un sonido super raro. Decía cosas asi como Leroo Leroo... No era muy interesante él si. Como que no tenía tema de conversación, asi que mejor mire para otro lado y seguí cayendo...
Ya por el piso 60, me encontré con un hombre que se estaba suicidando. Con él podía hablar mejor. Por lo menos tenía conciencia del lenguaje y boca, por lo que algunas frases se podrían hilar. Le pregunté en que andaba, y ahi me conto que andaba de suicidio. Que estaba aburrido de que lo llamaran todo el día. Le ofrecían créditos, tarjetas adicionales, tarjetas de crédito, seguros, cobranzas, queque con mayonesa, huevo con manjar, perros con orejas de hipopótamo y pies de pinguino.... Igual lo entendí. Uno igual se aburre con esas cosas. Aparte que él tenía una esposa que era adicta al olor a lavanda. Compraba perfume de lavanda, desodorante ambiental de lavanda, desinfectantes de lavanda, detergentes, colonias, desodorantes, flores artificiales y de a de veras, chicles, chocolates y joyas. Y cuando a algo se le acababa el olor a lavanda, sacaba su aromaterapia, y en vez de calentarlo, lo derramaba sobre el objeto no-lavandado...Y él siempre fue alérgico a la lavanda.
A esa altura ya ibamos en el piso 31 mas o menos...
Yo le contba que mi vida era super linda. Que vivía con un camello verde y una iguana rosada. Que tenía muchas plantas en mi casa (tenía un invernadero interior). Tenía rosas azulez, violetas rosadas, naranjos amarillos y osos polares que vivían entre los aceitunos, y aparte tenía hongos, cactus y plantas psicoactivas que decoraban mi casa con colores y formas super choriflai.
Ya para ese momento ibamos en el piso 12...
Ahi comenzamos a despedirnos. Él me decía que si nos encontrabamos en otro lugar, podíamos comernos unos duaznos o unos nectarines, y yo le decía que si, que si nos encontrabamos comiamos duraznos. Que tuviera cuidado con los dientes cuando se estrellara contra el pavimento, porque un dia que andive cotizando dentistas, fui al cielo y al infierno a preguntar por si me hacían una rebaja por tener aun mi alma dentro de mi, pero no. En esos lugares los tratamientos dentales son super caros... En el limbo son baratos, pero es mejor no arriesgarse...
En eso ya estabamos en el piso 5, y justo me acordé que había dejado la luz prendida del baño...
-¡Apáguenme la luz porf------------------------!
lunes, 24 de marzo de 2008
Piso 93
Etiquetas: eña
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